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martes, 29 de abril de 2014

El Demonio y el tabaco / The devil and tobacco

En esta estampa del s. XIX vemos al diablo alemán Krampus, dando fuego  a una mujer. 

Desde que la práctica del tabaco fuera importada a España por el marinero Rodrigo de Ayamonte en 1492, tal vicio fue condenado por la Iglesia como diabólico, al considerar que "sólo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca". Hay que tener en cuenta que a finales del s. XV que es cuando este marinero onubense importó esta práctica, la única boca que se conocía que echaba fuego era la Boca de Leviatán, es decir, el Infierno; de ahí la confusión de los inquisidores al ver a un hombre que despedía fuego por la boca y la nariz como si fuera tal máscara infernal. Frente a la condena de la Iglesia cristiana a esta práctica, otras religiones como la de los indios tupinamba de Brasil, atribuyen facultades positivas a esta planta como las de esclarecer la inteligencia y mantener gallardos y alegres a quienes usan de él. El mago, al soplar el humo del cigarro sobre los guerreros, pronunciaba estas palabras: 

"A fin de que domineís a vuestros enemigos, recibid el espíritu de la fuerza" . 

En numerosas tribus de indios del alto Amazonas, se proyectaba jugo de tabaco a los ojos del candidato a chamán, para darle el don de la clarividencia. Igualmente, observadores españoles de los comportamientos de los indios del Nuevo Mundo interpretaron que los trances inducidos por el tabaco, daban pie a que el demonio manipulara su imaginación mientras soñaban. Todo ello contribuyó a la crítica de estas plantas por parte de la nueva Iglesia cristiana, como un componente más de la demonización de las religiones indias frente a la valía y verdad de la nueva religión evangélica.

Junto al tabaco el cacao también se demonizó, sobre todo por el riquísimo sabor de tal bebida que se consumía con placer e impedía la austeridad y frugalidad requerida en el período de Cuaresma y sobre todo en el "ayuno eclesiástico", es decir, la abstinencia de comer antes de recibir la comunión en la eucaristía. De tal forma que esta última cuestión generó una disputa eclesiástica que pervivió hasta mediado el s. XVII, época en la que se estableció que se podía beber chocolate antes de recibir la Sagrada Forma.

La condena a tales plantas se enriquecía con imágenes como la que siguen tomada de una vasija del período maya. En ella vemos a un mono, uno de los animales que mejor simboliza la imagen del diablo, fumando, al tiempo que lleva un grano de cacao:



En cualquier caso y siendo el diablo el Señor del Fuego se le retrata en ocasiones prendiendo el cigarro del que quiere fumar, tal como vemos en la ilustración que encabeza esta entrada. Tradición que ha llegado hasta nuestros días y que tiene manifestaciones tan curiosas como las del diablo que aparece en el relato de Rafael Sánchez Ferlosio titulado "De plata y ónix" y publicado en su libro: El geco; Madrid, 2005.
Allí el diablo da fuego al pescador que le ha vendido su alma, y en lugar de servirse de un mechero o unas cerillas, obtiene la llama chasqueando su propio rabo, al tiempo que recita esta jaculatoria:

"Lucífere, Lucífere,
de todo fogo reye,
flámmulam mitte mihi,
ut hoc cigarro incendiem
sic ego in fide tui
perpétue perseverem"


BIBLIOGRAFÍA:

-ARAGONES ESTELLA, E.; Y Líbranos del Mal. Representaciones del Diablo en el Arte: De la Antigüedad a nuestros días; Ebook, 2016, pp. 132-ss:
https://books.google.es/books?id=QTcPAQAAQBAJ&pg=PA297&dq=aragones+estella+mal&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiZsZLek9vRAhVJthoKHbi0DdAQ6AEIHzAB#v=onepage&q&f=false


The devil and tobacco



In this print from the 19th c. we can see the German devil Krampus lighting a cigarette for a woman.
When the use of tobacco was imported into Spain by the mariner Rodrigo de Ayamonte in 1492, the habit was condemned by the church as diabolical. It said: “only the devil could give man the power to blow smoke out of his mouth”. We have to bear in mind that at the end of the 15th century when the mariner from Huelva imported this, the only known mouth that blew out smoke was that of the Leviathan, that is to say, Hell. This might explain the confusion of the inquisitors on seeing a man who blew smoke out of his mouth and nose as if he were that infernal mask. In contrast to Christianity’s condemnation of this practice, other religions, such as the Tupinamba Indians of Brazil, attribute positive qualities to the plant such as sharpening the intelligence and making those who use it dashing and cheerful. The witchdoctor, on blowing smoke from his cigar over the warriors, pronounced these words:

“So that you might dominate your enemies, receive the spirit of power.”

In many Indian tribes of the Upper Amazon, tobacco juice was put into the eyes of those aspiring to be shaman to give them the gift of clairvoyance. Similarly, Spanish observers of the behaviour of Indians in the New World interpreted the trances brought on by tobacco as letting the devil manipulate their imagination while they dreamed. All this led to the new Christian church criticising these plants as just one more part of the demonization of the Indian religions in contrast to the valour and truth of the new evangelistic religion.

Cocoa, as well as tobacco, was a demonising influence, above all because of  the delicious flavour of the drink which, consumed with pleasure, combated the austerity and abstinence of the Lenten period.

The condemnation of such plants was embellished by images like that taken from a vessel of the Mayan period in which we see a monkey, one of the animals which better symbolises the devil, smoking whilst carrying a cocoa bean:


The smoking monkey. Detail from a vessel from the Classic Mayan era (600-750AD)

In any case the devil, being the Lord of Fire, is often portrayed lighting a cigar which he is going to smoke, as seen in the illustration at the beginning of this entry. A tradition that has come down to the present and that has such curious representations as the devil which appears in Rafael Sanchez Ferlosio’s tale “De plata y ónix” published in his book: El geco; Madrid 2005.
Here the devil gives a light to the fisherman who has sold him his soul. However, instead of using matches or a lighter, he gets a flame by snapping his own tail, while at the same time reciting this ejaculation: 
"Lucífere, Lucífere,
de todo fogo reye,
flámmulam mitte mihi,
ut hoc cigarro incendiem
sic ego in fide tui
perpétue perseverem"

BIBLIOGRAPHY

-ARAGONES ESTELLA, E.; Y Líbranos del Mal. Representaciones del Diablo en el Arte: De la Antigüedad a nuestros días; Ebook, 2016, pp. 132-ss:
https://books.google.es/books?id=QTcPAQAAQBAJ&pg=PA297&dq=aragones+estella+mal&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiZsZLek9vRAhVJthoKHbi0DdAQ6AEIHzAB#v=onepage&q&f=false

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